La Edad del Hierro se divide en dos periodos, abarcando la llamada
primera Edad del Hierro desde el siglo VIII al V a.C. Esta cabana, datada en
el siglo VII a.C., se encontró en el extremo de una cresta rocosa del Castro
de los Baraones (Gama, en el norte de la actual provincia de Palencia). Su
planta circular, de entre 6 y 7 metros de diámetro, es típica de este
periodo.
Los
restos óseos de bueyes, vacas, cerdos, caballos, cabras y ovejas reflejan
claramente que la sociedad cántabra era principalmente ganadera. Sin embargo,
la presencia de molinos de mano (también llamados de vaivén o barquiformes) y
grandes vasijas para el almacenamiento del cereal (trigo y cebada) nos
muestran una cultura donde la agricultura poseía mucha mas importancia de la
que tradicionalmente se le ha atribuido, al interpretar demasiado
literalmente los escritos del geógrafo griego Estrabón.
Por
las huellas de los postes y el hallazgo de las pesas, se ha podido recrear la
posición exacta del telar. Este servía para qué las mujeres del poblado
tejiesen las ropas, de lino y lana.
La labor comenzaba con el cardado de la fibra de lino, proceso realizado
mediante unos pequeños peines. Aquí se muestran algunas réplicas de los
hallados en la cueva de la Cofresnedo (Matienzo). Tras el cardado, se
realizaba el hilado, mediante el uso. Una vez obtenido el hilo, se pasaba al
proceso de tejido en el telar. Las pesas servían para tensar los hilos
verticales que luego se unirían horizontalmente, formándose de esta forma la
urdimbre.
La indumentaria de los hombres estaba compuesta de una túnica, unos
pantalones ajustados llamados bracae y una capa
negra
de lana llamada sagum, con la que dormían envueltos. El calzado era de cuero
y posiblemente usasen polainas. Las mujeres vestían vestidos largos adornados
con bordados en los que abundaban los motivos florales y seguramente se
protegieran la cabeza del sol, el frío y la lluvia con una especie de velo o
manto.
El molido del cereal se realizaba para obtener la harina necesaria para
fabricar el pan.